Inclusión Financiera en LATAM: El Core como Motor, no como Freno
- WAU Marketing

- 12 mar
- 4 min de lectura
Actualizado: hace 2 días
A la inclusión financiera en LATAM no la frena la falta de demanda. Muchas veces la frena algo más aburrido y más caro de admitir: el costo de atender a quien tiene poco se vuelve inviable sobre un core diseñado para otra época.
Es una verdad incómoda para el sector. Llevamos años hablando de bancarizar a la región como un imperativo social —y lo es—, pero rara vez se nombra el cuello de botella técnico. Servir a una persona que abre una cuenta básica, hace microtransacciones y quizá pide un crédito pequeño tiene que costar muy poco para que el negocio cierre. Y un core legado, con su costo fijo de mantenimiento y su procesamiento pensado para tickets grandes, hace que cada cuenta de bajo saldo sea una pérdida. No es que el banco no quiera incluir; es que su arquitectura vuelve la inclusión un mal negocio.
Dónde está la región hoy
Conviene mirar los números reales, porque la foto es de avance genuino. Según la base Global Findex del Banco Mundial, publicada en 2025, el 70% de los adultos de América Latina y el Caribe tenía una cuenta financiera en 2024 —arriba del 67% en 2021 y de apenas 39% en 2011—, de acuerdo con el Banco Mundial. En la última década, la región sumó decenas de millones de personas al sistema financiero. El dinero móvil pasó de alcanzar al 22% de los adultos en 2021 al 37% en 2024.
México sigue la misma dirección, con matices. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera de 2024, levantada por el INEGI y la CNBV, encontró que el 76.5% de las personas de 18 a 70 años tenía al menos un producto financiero —cuenta, crédito, seguro o afore—, ocho puntos más que en 2015, según el comunicado conjunto de la CNBV y el INEGI. Pero la cifra esconde brechas que importan: 72.8% de las mujeres frente a 80.9% de los hombres, y una distancia regional fuerte —la región sur del país, con 67.7%, muy por debajo del noreste, con 84.9%—. La población indígena y rural sigue siendo la más excluida.
Esas brechas son, casi exactamente, el mapa de los clientes que un core legado no puede atender de forma rentable.
El caso que lo prueba: PIX
Si alguien duda de que la infraestructura define el resultado, basta mirar a Brasil. PIX, el sistema de pagos instantáneos operado por el Banco Central de Brasil, cerró 2024 con 63,800 millones de transacciones, un 52% más que el año anterior, según reportó Diário do Comércio con datos de Febraban, y superó los 160 millones de usuarios registrados. El 63% de los brasileños usó PIX al menos una vez al mes, de acuerdo con Agência Brasil. No fue una campaña de educación financiera lo que bancarizó a esa escala: fue una infraestructura moderna, instantánea y de costo casi nulo por transacción. La tecnología correcta hizo rentable —y trivial— incluir a millones que antes quedaban fuera.
Por qué un core moderno cambia la ecuación
El punto no es ideológico, es de estructura de costos. Un core moderno, nativo de la nube y multi-inquilino, opera bajo un modelo de pago por uso: el costo marginal de cada cuenta y cada transacción baja, y la capacidad escala de forma elástica con la demanda. Eso vuelve viable diseñar productos que sobre un core legado serían suicidas: cuentas básicas sin saldo mínimo, microcréditos de monto pequeño, billeteras para quien recibe pagos chicos y frecuentes.
Un core legado hace lo contrario. Su costo de operación no baja aunque las cuentas sean pequeñas; el procesamiento por transacción es caro; escalar implica comprar más hardware. Bajo esa estructura, atender la base de la pirámide es regalar dinero, y por eso no se hace. El freno no es la misión del banco: es su tecnología.
Y la oportunidad es enorme. El estudio del Banco Interamericano de Desarrollo y Finnovista contó más de 3,000 fintechs en la región en 2023, y más de la mitad de ellas —un 57%— apuntan justamente a la población sub-bancarizada o no bancarizada, según el Banco Interamericano de Desarrollo. Esas fintechs entendieron algo antes que muchos bancos: que el segmento excluido es un mercado, no una obra de caridad, si tienes la arquitectura para servirlo barato. La pregunta para una institución tradicional es si va a competir por ese mercado o se lo va a ceder.
Cómo lo vemos en WAU
En WAU diseñamos cores donde servir a la base de la pirámide deja de ser una pérdida y se vuelve un negocio: costo marginal bajo por cuenta, procesamiento de bajo costo por transacción y escalabilidad elástica que vuelve rentables los productos de ticket pequeño. La inclusión financiera no debería depender de la buena voluntad; debería ser, sencillamente, una línea de negocio que cierra.
Si quieres servir a segmentos que hoy tu core vuelve inviables —y ponerle números a esa oportunidad—, hablemos. Te ayudamos a ver qué productos se abren cuando el costo por cuenta deja de ser el freno. 👉 Agenda una conversación con nuestro equipo.




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